lunes, 10 de agosto de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
La decisión de Calderón

Pocas señales políticas recientes han sido tan relevantes y tan mal leídas como el encuentro panista en el poblado mexiquense de Ocoyoacac, donde el presidente Calderón ofreció a las distintas corrientes de su partido un nuevo equilibrio de poder.
Apuntes
lunes, 27 de julio de 2009
La izquierda podrida

El pésimo resultado electoral no es la causa sino sólo un síntoma de la crisis de una izquierda que ha perdido la batalla por los votos, pero también por las ideas, la coherencia ideológica y la decencia pública
El pensamiento de izquierda en México representó durante muchos años una vanguardia intelectual, inspirada por estratos populares, estudiantes, académicos y de clases medias, movilizados por un ideario de justicia social, propuestas económicas de avanzada y una autoridad ideológica que le otorgaba una imagen de solvencia moral.
Desde las elecciones de 2006, cuando por vez primera rozó el poder presidencial, la izquierda mexicana –en especial su agrupación más notable, el Partido de la Revolución Democrática- exhibe una grave involución. Lo único que el ciudadano medio percibe ya en ese flanco es una masa de líderes divididos, empequeñecidos, inútiles para el servicio público, afectados por la corrupción. Una menguante masa fanatizada, con pobreza de ideas, de rumbo y de destino.
Se trata de un espacio en el que los nuevos liderazgos son asfixiados, y los tradicionales –Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Cuauhtémoc Cárdenas, Jesús Ortega- le dicen a la sociedad cada vez menos cosas, y escasean quienes los escuchan. No son actores ni autores. Carecen de mensaje, y su imagen es la desesperación.
El trabajo de demolición viene de lejos. El desplome electoral del pasado día 5, cuando el PRD alcanzó 12% de los votos –perdió 16 distritos electorales, medio millón de sufragios y 24 escaños-, muestra consistencia con las elecciones locales celebradas tras aquella cita con las urnas del 2006: de más de 2,500 puestos en disputa, conquistó el 13.3%. El proceso lo hace retroceder casi 20 años, hasta sus primeros meses de existencia: en 1991 obtuvo 7.9% de los sufragios.
Pero atrás de cada una de las principales derrotas existe una historia de terror. Como en el estado de México, donde el día 6 el PRD se despertó con 22 municipios menos, entre ellos los muy poblados de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chalco, Valle de Chalco y Texcoco. En un solo día, le regaló al PRI el gobierno sobre más de cuatro millones de mexiquenses.
Esto sólo consumó una transacción previa, pues la mayor parte de los líderes locales y estatales del PRD –algunos deellos legisladores federales- comen desde hace años de la mano del gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto, lo que nunca pareció molestar a la dirigencia nacional perredista, que también veía hacia otro lado cuando recibía denuncias denegocios abiertos –incluso ilegales- en los que esos dirigentes incurren con voracidad insaciable, especialmente en la zona oriente.
El Distrito Federal, cuyo gobierno encabeza el perredista Marcelo Ebrard, tiene sus propias historias, como la derrota en Cuajimalpa, donde el delegado saliente, Remedios Ledesma, de filiación bejaranista, se había enfrentado al gobierno dela ciudad, que no sólo no hizo nada ante denuncias de corrupción en la zonas populares de esa demarcación, sino que permitió la imposición de otro bejaranista, Adrián Rubalcava. Ello volcó el voto a favor del panista Carlos Orvañanos, apoyado precisamente por los sectores populares esquilmados por el perredismo.
Ebrard tuvo fichas propias fallidas con la postulación de la velocista sonorense Ana Guevara, en Miguel Hidalgo, yde Bernardo Bátiz, en Benito Juárez. Estudios internos alertan que la tragicomedia de Iztapalapa le costó varios puntos al PRD en todo el país, pero fue demoledora en el DF, como lo demuestran las cifras finales en la Asamblea capitalina, que resultará incomodísima para el jefe de gobierno.
Sume usted la incompetencia del PRD en el Guerrero de Zeferino Torreblanca, asomado a la bancarrota tras la derrota en Acapulco. O la historia de Zacatecas, aderezada con fractura interna y nepotismo. O la forma en que el narcotráfico en Michoacán ha tocado a la familia del gobernador Leonel Godoy. O los escándalos de corrupción en otras plazas clave gobernadas por el PRD, como Cancún.
El balance es lo que vemos: una izquierda extenuada, lastrada, sin fuerzas ni espíritu. Una esperanza podrida. Para mal de todos.
lunes, 20 de julio de 2009
Congreso transforma liderazgos

La agenda nacional no reposa más en las dirigencias de los partidos; navega entre pasillos, curules y oficinas del Parlamento. Es una revolución silenciosa que ha empezado a cambiar el rostro de la política.
“Partidos parlamentarios”, les llaman los politólogos, para subrayar que el núcleo duro de su vida interna no gravita sobre sus burocracias sino en los liderazgos de las cámaras del Congreso.
El contacto con la vida parlamentaria consume hoy mayores recursos materiales y humanos al gobierno –y a un enorme número de entidades privadas- de lo que nunca supuso la comunicación con los partidos, cuyos dirigentes han pasado a un segundo término e incluso, no son indispensables para procesar asuntos complejos.
Antes incluso de que las elecciones del pasado 5 de julio se hubieran celebrado, en el Senado se abrió una ruta detrabajo para afinar las reglas del juego en la disputa por el 2012. La Junta de Coordinación Política que preside el priísta Manlio Fabio Beltrones, montó una Mesa de Evaluación de la reforma electoral del 2007, para lo cual se ha convocado a diversos expositores –entre ellos, el martes último, al reconocido profesor y periodista Miguel Ángel Granados Chapa y al autor de este espacio.
Tal ejercicio demostrará que como ocurrió desde la gestación de la reforma, el tema electoral se concentrará en el Congreso, y en particular en su cámara alta. No sólo por la nueva dinámica que le describo, sino por una penosa debilidadde otras instancias, especialmente el IFE, el tribunal electoral y si usted me apura, el gobierno mismo, que han decidido ausentarse de las trincheras en las que esta reforma es defendida.
La multicitada reforma tuvo su polo opositor en los medios electrónicos, muy especialmente la televisión, la cual empieza a encontrar cómo darle la vuelta a las prohibiciones vigentes, con maniobras antes las cuales la autoridad electoral ha lucido frágil y sin casta.
Los comicios desarrollados este año a nivel local fueron un anticipo de lo que ha empezado a ocurrir con rumbo a la sucesión presidencial: promoción abierta de precandidatos, descarada subordinación de los políticos a la pantalla televisiva, flujo de recursos públicos sin transparencia alguna.
Paso a paso, con sus resoluciones y su carencia de pundonor, el IFE y el Tribunal van abriendo espacio para esas prácticas, como ocurrió con el aval de los magistrados electorales para las campañas de legisladores del Partido Verde en todo el país, con el argumento de que esa actividad –con obvias implicaciones electorales- debe estar regida por la legislación parlamentaria.
La moda televisiva de los “infomerciales” y el uso de precampañas con contenidos chatarra, a lo que se han sometido personajes de los tres principales partidos, es una desafío para la reforma vigente, de ahí que no baste con advertir que la misma será defendida en sus actuales términos, sino que habría que avanzar en reglamentos adicionales para que su letra y su espíritu sean respetados.
Ello debe hacerse aprovechando el liderazgo que en este momento protagonizan los senadores, en particular actores como el citado Beltrones, los panistas Santiago Creel y Ricardo García Cervantes, o el perredista Carlos Navarrete.
La nueva correlación de fuerzas en el Congreso hará que el PRI concentre en sus manos decisiones estratégicas, como no lo había hecho desde 1997, cuando por vez primera perdió la mayoría en San Lázaro.
Ello resultará favorecido también por el creciente peso de los gobernadores priístas en la promoción de una agenda que tocará al Congreso procesar, pero que no tendrá ni en el PAN ni en el PRD fuerzas con el peso ni con la cohesión necesaria para conducir las cosas.
Singularmente, en materia de medios electrónicos, es sólo en el PRI donde radica la memoria histórica de cuando el Estado era capaz de trazar una política propia para el uso de las concesiones públicas de que disfrutan estos medios. Esto provocó excesos, es cierto, como convertir a los medios en “soldados” del gobierno, pero ahora es al revés. Y nadie puede suponer que ello representa un avance democrático.















